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Platos · Carnes
Plato de casquería español asociado sobre todo a Madrid, donde es considerado un icono invernal y un clásico de tabernas y restaurantes bajo el nombre de callos a la madrileña.
Si usa callos congelados: la víspera sáquelos del congelador y deje que se descongelen en un recipiente con su propio caldo.
Si usa callos crudos: repáselos con agua y vinagre, frote con limón; una vez limpios hiérvalos con agua, sal, 3-4 hojas de laurel y una cabeza de ajos hasta que estén tiernos (unas 2 horas como mínimo). Escúrralos en agua fría, reserve parte del caldo de cocción y corte a gusto.
En una cazuela de barro caliente, ponga aceite de oliva y añada la cebolla finamente picada. Pochéela bien y, cuando empiece a tomar color, incorpore los tomates pelados y triturados. Remueva y deje cocer a fuego suave formando un sofrito.
Mientras, ponga los callos (ya descongelados o ya cocidos) con su caldo en una olla al fuego solo para calentarlos.
Corte el chorizo y el jamón a taquitos y añádalos al sofrito. Incorpore la guindilla y la ramita de tomillo.
Agregue a la cazuela los callos calentados y todo el caldo reservado (normalmente necesitará todo). Deje hervir unos minutos: los callos ya están cocidos, solo requieren integración de sabores.
Prepare la picada: pique perejil y triture con los piñones y las almendras tostadas. Si va a añadir garbanzos cocidos (opcional), incorpórelos en este momento, cuando añada la picada.
Añada la picada a la cazuela, mezcle bien, espere un par de minutos y apague el fuego. Rectifique de sal si hace falta.
Sirva caliente. Rendimiento: 4–5 personas.
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