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La receta menciona a la Chocolatería San Ginés, ubicada en el pasadizo de San Ginés, muy cerca de la Puerta del Sol en Madrid.
Pon en un cazo el agua con un pellizco de sal y caliéntala hasta que empiece a hervir.
Coloca la harina tamizada en un bol y vierte sobre ella el agua hirviendo.
Remueve con una espátula de madera hasta que no quede harina suelta. Debe quedar una masa bastante espesa, nunca blanda o líquida.
Pon una sartén al fuego con abundante aceite (aprox. 3/4 de litro) y caliéntalo para freír.
Encaja la parte inferior de la churrera, introduce la masa en la churrera empujando con la espátula para eliminar bolsas de aire. No rellenes la churrera hasta el máximo.
Cierra la churrera con la tapa que lleva el pomo y gíralo para que el émbolo empuje la masa. Si tapas el orificio inferior con un dedo hasta notar presión, ayudarás a eliminar bolsas de aire.
Cuando el aceite esté caliente, coloca la churrera sobre la sartén, sujétala con una mano y gira el pomo con la otra para que la masa salga de forma continua. Corta con unas tijeras al largo deseado.
Fríe los churros hasta que estén dorados por ambos lados. Sácalos y colócalos sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
Una vez desengrasados, colócalos en una fuente, espolvoréalos con azúcar y sirve. Se consumen tradicionalmente con una taza de chocolate, café con leche o zumo de naranja.
Nota: en la receta se usó una churrera de marca Bernar; adapta el equipo según lo disponible.
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