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El texto incluye contexto histórico sobre el consumo de setas: su uso es antiquísimo; etimológicamente «hongo (mico)» procede del griego «mykés».
Limpiar las setas: quitar la tierra con papel de cocina o un paño húmedo, recortar un poco los tallos, enjuagar y escurrir boca abajo en un colador. Secar sobre papel de cocina y cortar en trozos.
Preparar el agua de conservación: poner 1 vaso de agua con 1 cucharada de sal en un cazo y llevar a ebullición; reservar.
En una sartén con un poco de aceite de oliva, saltear las setas sazonadas con un poco de sal y algunos granos de pimienta durante 4–5 minutos hasta que suelten su jugo; retirar del fuego.
Rellenar los botes con las setas y el jugo que hayan soltado. Como el jugo no llenará el bote, completar con el agua salada reservada.
Colocar los botes cerrados en una olla con agua y hervir al baño María durante 20 minutos.
Apagar el fuego y dejar enfriar los botes dentro de la olla.
Una vez fríos, sacar los botes y secarlos. Guardar los botes; se conservan por lo menos un año.
Nota: el jugo de las setas puede incorporarse a las preparaciones porque concentra sabor.
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