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Las croquetas surgieron en la cocina francesa; la primera receta documentada aparece como croquets y el término procede de croquer ‘crujir’.
Pelar y cortar la cebolla. Poner en una sartén con aceite a fuego lento y pocharla lentamente; añadir un poco de sal.
Mientras se pocha la cebolla, desechar huesos y piel del pollo hervido y picar la carne (con picadora o a cuchillo).
Cuando la cebolla esté pochada, incorporar el pollo picado a la sartén y mezclar bien.
Añadir una cucharada de harina y remover para integrar.
Agregar un vaso de leche y seguir removiendo hasta que la mezcla espese y quede algo compacta (masa de croqueta).
Reservar la masa en un plato y dejar enfriar completamente.
Con la masa fría, formar pequeñas croquetas con las manos o con dos cucharas.
Pasar cada croqueta por huevo batido y luego por la galleta picada, cubriendo bien.
Calentar abundante aceite en una sartén y freír las croquetas hasta que estén doradas por todos los lados.
Sacar y depositar sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
Servir calientes. Bon profit!
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