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Las croquetas tienen origen francés -croquette- documentadas desde finales del siglo XVII y se popularizaron en España en el siglo XIX como tapa y como forma de aprovechar restos.
Cortar el pulpo y ponerlo en la picadora hasta obtener una masa fina. Reservar.
Pelar y cortar las cebollas en trozos pequeños.
Calentar una sartén con un poco de aceite y pochar la cebolla a fuego suave hasta que esté tierna.
Añadir a la sartén el pulpo picado reservado y una o dos cucharaditas de la picada de ajo y perejil. Mezclar bien.
Incorporar la harina tamizándola, remover y añadir la leche poco a poco mientras se mezcla.
Salpimentar y cocinar unos minutos más removiendo hasta que la mezcla espese.
Retirar del fuego y dejar enfriar completamente.
Una vez fría la masa, formar pequeñas bolas/croquetas.
Batir el huevo y pasar cada croqueta por el huevo batido y luego por la galleta picada.
Freír las croquetas en abundante aceite caliente hasta que estén doradas y crujientes.
Sacarlas y colocarlas sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite. Presentar en la bandeja deseada.
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