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Platos · Carnes
El proceso de domesticación del pavo doméstico se produjo alrededor del comienzo del primer milenio de nuestra era, y fue obra de los pueblos indígenas de las regiones centrales d…
Pedir al carnicero que trocee la mitad del pavo en aproximadamente 20 trozos. Limpiar y dejar escurrir.
Picar las cebollas muy finas, cortar las zanahorias en rodajitas y rallar los tomates. Reservar.
Salpimentar los trozos de pavo. En una cazuela calentar aceite de oliva y, cuando esté caliente, dorar los trozos de pavo por todos los lados. Retirar y reservar en una fuente.
En el mismo aceite, sofreír la cebolla junto con la cabeza de ajos (entera) y la hoja de laurel hasta que la cebolla esté bien pochada. Añadir la zanahoria en rodajas y sofreír unos minutos más.
Agregar el tomate rallado al sofrito, remover y dejar que se cocine unos minutos.
Incorporar los trozos de pavo al sofrito, remover y verter el vaso de vino blanco (≈250 ml) y la ramita de mejorana. Dejar que el vino reduzca un poco.
Cubrir con agua (aprox. 750 ml) y dejar hervir a fuego lento durante aproximadamente 1 hora.
Pasada la hora, añadir la picada hecha con los 25 g de piñones y las 12 almendras tostadas; hervir 5 minutos más. En este momento incorporar también las ciruelas secas si se desean.
Mientras el pavo cuece, cortar las patatas a cuadros y freírlas a fuego moderado hasta que queden blandas por dentro (no demasiado crujientes). Escurrir sobre papel absorbente para eliminar el exceso de aceite.
Añadir las patatas fritas al guiso, dejar unos minutos a fuego suave para que se integren y rectificar de sal y pimienta si es necesario. Servir caliente.
Consejo: se puede preparar el guiso la víspera; freír y añadir las patatas unas 2 horas antes de servir. Al recalentar, añadir un poco más de agua para evitar que espese demasiado.
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