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Postres · Tartas y bizcochos
La historia de esta tarta de chocolate con una fina capa de mermelada de albaricoque en el interior y recubierta por un glaseado o cobertura de chocolate se remonta a 1832.
Precalentar el horno a 180 ºC (calor arriba y abajo, con turbo). Engrasar un molde desmontable de 24 cm y forrar la base con papel de hornear.
Batir 120 g de mantequilla con 165 g de azúcar hasta que estén bien mezclados.
Tamizar y añadir 60 g de cacao puro a la mezcla de mantequilla y azúcar, mezclando bien.
Añadir las yemas de los huevos una a una, batiendo después de cada incorporación. Añadir 100 ml de leche y mezclar.
Tamizar e incorporar 150 g de harina de repostería junto con 1 sobre de levadura. Mezclar hasta integrar.
Montar las claras a punto de nieve. Cuando empiecen a estar firmes, añadir 50 g de azúcar glas (azúcar en polvo) y terminar de montar hasta obtener picos firmes.
Incorporar las claras montadas (con el azúcar glas) a la masa con movimientos envolventes usando una espátula de silicona, cuidando de no bajar la mezcla.
Verter la masa en el molde preparado y hornear aproximadamente 45 minutos (comprobar con un palillo). Sacar del horno y dejar enfriar sobre una rejilla.
Mientras se enfría la tarta, preparar el almíbar: poner 1 vaso pequeño de agua al fuego, añadir 100 g de azúcar y remover hasta que se disuelva. Añadir un chorrito de ron y reservar.
Cuando el bizcocho esté frío, cortarlo horizontalmente en dos mitades y pincelar ambas con el almíbar para humedecerlas.
Calentar ligeramente la confitura de albaricoque en un cazo para que pierda espesor y repartirla sobre la mitad inferior del bizcocho. Colocar la otra mitad encima.
Preparar la cobertura: fundir 200 g de chocolate con 70 g de mantequilla y 200 ml de nata líquida al baño María hasta obtener una mezcla lisa y homogénea.
Verter la cobertura caliente sobre toda la tarta, repartiendo con el propio cazo para evitar marcas y usar solo la espátula para igualar los laterales. Dejar que la cobertura solidifique.
Fundir 40 g de chocolate blanco y, usando una manga pastelera con boquilla muy pequeña o un herramienta similar (decomax), escribir la palabra "Sacher" sobre la tarta.
Dejar que todo se asiente y servir.
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