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Platos · Huevos
La receta incluye historia y teorías sobre su origen.
Pelar las patatas y cortarlas en pequeños cuadraditos; mientras se cortan, ir colocándolas en agua para que no se oxiden.
Cuando estén todas cortadas, pasarlas por un colador grande y enjuagarlas con agua fría. Dejar escurrir.
Calentar abundante aceite en una sartén grande (unos 30 cm de diámetro) a fuego suave. Si vas a usar cebolla, córtala en juliana y añádela a la sartén junto con las patatas.
Introducir las patatas (bien secas) en la sartén y dejarlas cocer lentamente, conviene tapar. Añadir sal y remover con la espumadera solo 2 o 3 veces para que no se deshagan.
Mientras se hacen las patatas, cascar los huevos en un recipiente, añadir sal y batir enérgicamente con varillas hasta que queden bien espumosos.
Cuando las patatas estén listas, sacarlas con la espumadera procurando eliminar el exceso de aceite y añadirlas al recipiente con los huevos. Mezclar bien con las varillas.
Poner al fuego otra sartén grande antiadherente (es importante que esté en buenas condiciones) con un poco de aceite. Cuando el aceite esté bien caliente, verter el contenido del recipiente.
Cocinar siempre a fuego suave o moderado (nunca fuerte), moviendo la sartén para que no se pegue e introduciendo la espumadera por los laterales para acomodar la mezcla.
Tras unos minutos, colocar un plato grande sobre la sartén y efectuar el primer giro (el más difícil porque parte de la tortilla aún está líquida). Dejar que la tortilla resbale del plato de nuevo en la sartén.
Apretar suavemente con la espumadera por el centro y seguir cocinando. Repetir el volteo 2 veces más hasta que esté cuajada.
Comprobar con un palillo: si sale limpio, la tortilla está lista. Tener paciencia y mantener el fuego bajo para evitar que se queme por fuera y quede cruda por dentro.
Si se desea, hacer la mitad de la receta para obtener una tortilla adecuada para 3–4 personas.
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